Marcelo Boccanera se arrimó al Tango y el Tango le hizo un guiño amistoso, por su garra, por su interpretación que emociona hasta los huesos, por esa voz tanguera que, envuelta entre las guitarras, deja a la luz una armonía de sentimientos porteños, que hasta se puede dar el lujo de tocar sin un bandoneón que lo acompañe.